Sobre la complejidad y dificultad de las lenguas

Escrito por el Jul 24, 2009 en Blog, Lingüística | 14 comentarios

Excelente trabajo de Juan Carlos Moreno Cabrera en el que desmonta numerosos prejuicios existentes sobre la supuesta dificultad de las lenguas a través de la comparación entre el castellano y el euskera.

Sobre la complejidad y dificultad de las lenguas: el caso del euskera

Extracto de la introducción:

Es muy frecuente oír que tal o cual lengua, al tener una estructura gramatical o fónica muy compleja, es difícil de aprender como lengua segunda. Esto se suele aplicar con llamativa frecuencia, dentro de nuestros ámbitos, a las lenguas no indoeuropeas, es decir, a aquellas lenguas que no pertenecen a la gran familia de lenguas europeas entre las que están las más conocidas y extendidas, tales como el francés, el inglés o el español.

Esta característica de esas lenguas europeas no indoeuropeas (finés, húngaro, euskera) se suele atribuir de forma claramente errónea a algunas propiedades intrínsecas de esas lenguas, que las hacen especialmente difíciles. De esta forma, se pasa de la idea de que el húngaro, finés o euskera son lenguas difíciles de aprender como lengua segunda para hablantes de lengua primera indoeuropea, a la idea de que estas lenguas son intrínsecamente difíciles por sus características lingüísticas internas (normalmente léxicas y/o sintácticas); es decir, por tener una estructura gramatical muy compleja. [...]

…de forma intrínseca, ni el húngaro, ni el finés, ni el euskera son lenguas más complejas y difíciles que las restantes lenguas indoeuropeas de Europa. Esto se puede comprobar fácilmente cuando estas lenguas se aprenden y usan como lenguas primeras. Los niños húngaros, fineses y euskaldunes adquieren estas lenguas de forma totalmente análoga a como se aprenden en la infancia el francés, inglés o castellano: ni tardan más en adquirirlo, ni tienen más dificultades para ello que para adquirir las lenguas indoeuropeas. Una vez adquiridas de niño estas lenguas, los hablantes adultos fineses, húngaros y euskaldunes usan sus lenguas con evidente facilidad, fluidez y naturalidad. Podemos constatar empíricamente que los hablantes de húngaro no tardan más en decir las cosas que desean decir que los hablantes de francés: ambos hablan de forma natural con rapidez, fluidez y facilidad. Por consiguiente, no existen lenguas que sean tan difíciles que sus hablantes tarden muchos años en adquirirlas y tengan que hablarlas de adultos con lentitud y mucha atención para no equivocarse. El euskaldún, el finés y el húngaro se expresan en sus lenguas con la misma facilidad, rapidez y eficacia con la que lo hacen los hablantes de francés, inglés o castellano. Este es un hecho objetivo que es muy difícil rebatir y que pone de manifiesto que no hay lenguas simples y complejas, fáciles y lenguas difíciles.

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